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El puente colapsado en Génova era su principal vía de comunicación

Habitantes y expertos temen el caos en la ciudad. El Puente Morandi, cuyo derrumbe ha causado 39 muertes al menos, era el único punto de paso entre el este y el oeste de la ciudad capaz de absorber altos volúmenes de flujo vial.

Habitantes y expertos temen el caos en la ciudad. El Puente Morandi, cuyo derrumbe ha causado 39 muertes al menos, era el único punto de paso entre el este y el oeste de la ciudad capaz de absorber altos volúmenes de flujo vial.

FOTOGRAFÍA AFP / HO / Vigili del Fuoco
FOTOGRAFÍA AFP / HO / Vigili del Fuoco

GÉNOVA, Italia — Encajonada entre el mar y la montaña, la ciudad de Génova es un entrelazado de túneles y viaductos que vive asfixiada por el tráfico. El martes se vio amputada de su puente más importante y tanto habitantes como expertos temen el caos.

“Génova resuelve su problema de tráfico”, titulaba el Corriere della Sera en marzo de 1964, poco después de las obras de construcción del puente Morandi, cuyo desplome el martes pasado causó al menos 39 muertos.

El derrumbe de este monstruo de cemento plantea un verdadero desafío para esta ciudad de 600,000 habitantes: ubicada entre uno de los principales ejes norte-sur de Italia, el viaducto permitía el paso de más de 25 millones de vehículos cada año.

La economía de Génova, que con Milán y Turín conforma el “triángulo industrial” italiano, gira en gran parte en torno a su puerto, el más importante del país. Pero la ciudad podría convertirse en impracticable y caótica en cuanto terminen las vacaciones de verano boreal.

En esta zona, de escarpado relieve, encajonada entre montaña y mar, el espacio es escaso.

“El puente Morandi era el único punto de paso entre el este y el oeste de la ciudad capaz de absorber volúmenes elevados de tráfico” explica Giovanni Vecchio, investigador de la Escuela politécnica de Milán y experto en movilidad urbana.

“Y era también un paso obligado para ir hacia el norte de la región, o a Francia, y en algunos casos para unir diferentes partes del puerto” añade.

De momento la pausa estival hace soportables esos inconvenientes. Pero el experto sugiere que algunos barcos sean ya desviados hacia otros puertos.

Un caos total

“En tiempo normal, ya se produce un caos en cuanto hay un accidente en la autopista, y sin puente Morandini, mejor ni hablar…” se lamenta Maurizio Campara, chofer de bus que cubre una línea al puerto marítimo.

Dos grandes ejes permitían hasta ahora atravesar la ciudad: el que pasaba por el puente Morandi, y el que llega al puerto de Génova, donde transitan los turistas para embarcar en los cruceros y parte de los 5,000 camiones que vienen a diario a cargar o descargar al terminal de mercancías.

“Va a ser un caos total, ya que era el puente que unía todas las zonas de la ciudad”, coincide Francesco Bucchieri, un habitante de 62 años.

“Sin el puente, la ciudad está cortada en dos. En septiembre, cuando acaben las vacaciones, y empiecen los colegios y las actividades, esto va a ser dramático. Todos los camiones van a afluir hacia la ciudad”, augura Gianpiero Santini, taxista en Génova desde 2003.

“A corto plazo, la solución parece ser implementar largos desvíos hacia otras autopistas, lo que alargará las distancias y tendrá un coste financiero”, opina Vecchio.

Autostrade per l’Italia, empresa que gestiona la autopista, afirmó que era posible reconstruir el puente en cinco meses, una vez liberado el lugar de las labores de rescate.

Pero el gobierno quiere retirar la concesión a la empresa, designada responsable de la tragedia.

Entre las alternativas, algunos abogan por construir un nuevo puente más al norte, otros por abrir el puente a los camiones durante la noche para repartir el tráfico sobre 24 horas, o que los camiones tengan acceso a una vía privada que lleve al puerto, y que ahora está reservada al grupo italiano del acero Ilva.

La ciudad, un “queso gruyère”

“Con todos esos túneles, Génova ya es un gruyère. ¿Qué se puede hacer? ¿Volver a cavar la roca?” se interroga Claudio, de 72 años, que vive cerca del puerto.

“En ese caso, más vale arrasar con la montaña”, afirma.

“No hay alternativa” considera Marco Porcile, propietario desde hace 31 años de un bar cerca del puerto. “A partir de septiembre, bastará un atasco a la entrada del puerto marítimo o del puerto de mercancías para que toda la ciudad quede bloqueada”.

Fuente: http://obrasweb.mx

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